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“Este país no está preparado”: madre cubana dice que no enviará a sus hijas a la escuela

1 Sep 2026, 18:43 GMT By Jany González
“Este país no está preparado”: madre cubana dice que no enviará a sus hijas a la escuela
Cuba inició este martes el curso escolar en medio de su peor crisis económica en décadas
Credit: Jany González

Más de 1,4 millones de estudiantes fueron convocados a las aulas este 1 de septiembre en Cuba para comenzar el curso escolar 2026-2027, marcado por la falta de maestros, uniformes y alimentos, además de horarios reducidos y el impacto de los apagones prolongados. Aunque las autoridades llamaron a las familias a enfrentar el nuevo período con “resiliencia” y flexibilidad, algunas madres consultadas por Martí Noticias aseguran que no cuentan con las condiciones mínimas para enviar a sus hijos a clases. “Este país no está preparado para que empiece el curso”, afirmó una madre que decidió mantener en casa a sus tres hijas. “Ninguna va a ir. Si no hay de nada, ¿cómo van a ir a la escuela? No hay zapatos, no hay mochila, no hay agua. El pan ya no se puede comprar para la merienda porque una flauta cuesta miles y miles. Sin corriente toda la noche, menos que menos”, explicó. En Cuba la educación primaria y secundaria básica son obligatorias y el Gobierno no reconoce la educación en casa como alternativa al sistema escolar estatal. El régimen cubano reconoció que las escuelas no podrán funcionar como lo hacían antes de la crisis. Cada centro deberá ajustar sus horarios y la frecuencia de las clases de acuerdo con la disponibilidad de profesores, transporte, electricidad y alimentos. Las alternativas anunciadas por el Ministerio de Educación incluyen escuelas con doble sesión, otras con media jornada y modificaciones en los días de asistencia. Sin embargo, las madres cuestionan si esas medidas permitirán garantizar realmente la continuidad y calidad de la enseñanza. “¿Qué van a suministrar, si lo que estaban dando era un pan con jamonada podrida? Un día la niña mía se intoxicó. Ahora no hay almuerzo, no hay corriente, no hay agua, no hay transporte y no hay nada que darles de comer a los niños porque los precios están demasiado elevados”, denunció otra madre. Uno de los principales obstáculos es la falta de docentes. Según la información oficial, solamente el 73 % de las plazas necesarias están cubiertas por maestros permanentes con formación pedagógica. Ante el déficit, las autoridades recurren a contratos por horas y otras alternativas para completar la fuerza laboral en las aulas. La ausencia de alimentos también obliga a reducir los horarios en algunos centros. “Le dan clases hasta el mediodía, nada más. Después los sueltan porque no hay almuerzo ni nada”, contó una de las madres entrevistadas. Los uniformes tampoco estuvieron disponibles para todos los estudiantes. Las autoridades priorizaron su entrega a los alumnos de preescolar y séptimo grado, mientras permitieron que el resto asistiera con ropa cómoda y pañoleta. En cuanto a la alimentación, algunos centros cuentan con suministros únicamente para los primeros 15 o 20 días del curso. Después deberán buscar acuerdos con empresas estatales y negocios privados para intentar mantener el servicio. Para muchas familias, conseguir cada día la merienda, los materiales escolares o la ropa necesaria se ha convertido en una batalla. “Estoy vendiendo parte de mi ropa para que mis hijos puedan comer, porque esto cada día está peor. Esto está negro”, relató una madre. A esas dificultades se suman los apagones. Las familias denuncian que muchos niños llegan a las aulas después de pasar noches sin dormir por el calor, sin desayunar adecuadamente y con problemas para concentrarse durante las clases. “Los niños no van a tener futuro por el camino que vamos. No van a tener futuro”, lamentó otra entrevistada. El régimen también anunció que intentará reincorporar al sistema educativo a unos 17.000 estudiantes que se habían desvinculado. Sin embargo, el nuevo curso comenzó con familias obligadas a decidir entre enviar a sus hijos sin alimentos, aceptar jornadas incompletas o mantenerlos en casa ante un sistema que reconoce que no puede garantizar las mismas condiciones para todos.